Donde los ángeles
lunes, 10 de agosto de 2026
domingo, 6 de agosto de 2023
Los amantes del Barranco de Víznar
Allí estábamos los dos, en el Barranco de Víznar, como el soldado del soneto de Rimbaud El durmiente del Valle, dormidos sobre la mullida cama de campo de hojas de pino. Cansados, risueños, felices, en una tregua de nuestros juegos amorosos. Cómo es posible que no conociésemos nada, en aquel verano de 1963, del calvario y la muerte por los que habían pasado, hacía años, las miles de personas que fueron asesinadas y enterradas en aquellos parajes, y que ahora nutrían los frondosos árboles que nos protegían (eso creíamos nosotros), de miradas indiscretas. Rimbaud le oculta al lector, hasta el último verso, la tragedia que esconde ese soldado que parece descansar plácidamente. Teníamos sólo 20 años, pero eso no es escusa. Todavía la Sección Femenina se mantenía agarrada a uno de los momios que ganó en la guerra: El Servicio Social. El ejército permitía que los jóvenes universitarios hicieran la mili en verano para que no perdiesen curso. Pilar Primo de Rivera y sus chicas encuadraron a las jóvenes españolas en una especie de servicio militar, de corta duración, al que llamaron Servicio Social, obligatorio sólo para las universitarias o para las jóvenes que querían obtener una plaza en la Administración del Estado. En el albergue de Víznar hacían el Servicio Social las universitarias granadinas; en su entrada se podía leer este lema teresiano: "En la casa de Teresa, o no hablar o hablar de Dios". El catolicismo y la Falange se llevaron de perlas después de la guerra, y disfrutaron ambos del botín de la Victoria. Pero ese día, en el Barranco, alguien nos acechaba y fue a contárselo a las gerifaltas. Mi amiga fue obligada a disculparse delante de todas sus compañeras. Nunca he experimentado el más leve sentimiento de culpa por haberla amado siempre que pude. Sí sufrí, viéndola humillada por aquellas estantiguas azulonas que tenían miedo del alba, miedo de ver, miedo de oír, miedo de tocar. Tenían miedo de amar apasionadamente, que cantara el poeta turco Nazim Hikmet. Paseo con frecuencia por la carretera que une Víznar y Alfacar. Sobre todo, después del confinamiento, abrumado, a veces, por una sensación de estupor y de tristeza, al recordar a los que fueron asesinados en ese sitio. Y, cuando paso por el Barranco, me estremezco, porque, ahora lo sé, aquella naturaleza maravillosa que nos abrazaba, como en el verso final del poema de Rimbaud, se alza indiferente sobre cuerpos inertes, rotos por las balas.
jueves, 3 de marzo de 2022
Las penas de una granada, en su Granada
No siempre se respeta la voluntad de los santos. Eso pensaba yo mientras contemplaba en la Capilla Cornaro de la iglesia de Santa María de la Victoria de Roma la escultura del Éxtasis de Santa Teresa. De mis cogitaciones me distrajo el ver cómo dos guardias sacaban a rastras a un chico de aspecto hippie que se había atrevido a sentarse en un escalón de la capilla. Me indigné y me senté en el mismo escalón y, cuando vinieron los guardias a echarme, me puse de pie para que pudieran apreciar mi mucha solemnidad; desistieron de sacarme a rastras porque eran dos alfeñiques, incapaces de trasladar mi sólida estructura corporal fuera de la iglesia. Pude seguir entonces reflexionando sobre el maltrato que se les da a los santos, esto sí, con la autoestima a tope después de haberme enfrentado a un poder tan extraordinario con tanta valentía. Santa Teresa había suplicado al Señor que los arrebatos místicos, las manifestaciones espectaculares de gozo que la invadían cuando el Amado rompía la delicada tela del encuentro y se adentraba en el hondón de su alma, no le diesen en público para no tener que explicar a la gente esos movimientos orquestales de placer, tan parecidos a los que dicen sentir los amantes en sus encuentros. Lo cuenta en el libro de su vida. Pues, ¡mire usted por donde!, llega el escultor Bernini, talla una imagen de la santa en pleno clímax y va la Iglesia y la pone en el transepto de ese templo romano, a la izquierda del altar mayor, para que todo el mundo vea a Teresa a punto de ser traspasada por el venablo de un Cupido angelical. Precisamente lo que ella no quería que pasara delante de sus monjas, y menos, urbi et orbi. ¡Maltrato! Pero a los guardianes de Santa María ni se les pasó por la cabeza incurrir en el sacrilegio de expulsar del templo a los visitantes que llevaban una cruz colgada del cuello o luciéndola en el hábito o en la camiseta. Los sacrílegos guardianes de la Alhambra de Granada sí se atrevieron, el pasado día 26, a expulsar del recinto a un chico que había envuelto su mochila en una tela con una granada impresa. Alegaron que la imagen del fruto dañaba el monumento. Y es que no hay en la vida nada como el delito de ir por la Alhambra, luciendo una granada
jueves, 3 de febrero de 2022
Nadal inmatriculado
Todos los ‘españoles de bien’ nos hemos inmatriculado el triunfo de Nadal, sin dar un solo raquetazo. Con el mismo derecho con el que la Iglesia se ha inmatriculado sin pestañear 34.961 bienes terrenales. No me consta que el vicepresidente, ya dimitido, de la Fundación del Barça, Alfons Godall, sea un mal español, pero él no se lo ha inmatriculado porque cree que Nadal representa al Estado enemigo y porque le da angustia el deportista, como otros atletas que no niegan ser españoles. Para angustia la que pasé yo durante las 5 horas y pico del encuentro y, sobre todo, al final que tuve que irme a comer con la familia y no pude ver los últimos minutos del match. Se me habíaencargado parte del menú para antes de las 3. Las horas del encuentro tampoco fueron tranquilas. Guisando en la cocina y yendo continuamente a la sala a ver el partido en la TV. Al principio, la cosa empezó mal para los dos. Estropeé una sopa sevillana porque, después de cocer las cabezas del marisco y de escurrir el caldo para hervir las gambas peladas, conmocionado por la pérdida de losprimeros sets, me olvidé de ellas y quedaron más secas que la mojama. La euforia y la esperanza que me insufló la remontada en los dos siguientes sets, posibilitó que la crema de calabaza, en plan, me saliera riquísima en la Thermomix. Puse todos los ingredientes en el vaso del robot y programé el tiempo preciso. Como el tenista, introduje en la receta un toque mágico, en lugar de los tres quesitos que hay que echarle al final, antes de triturarlo todo un minuto a velocidad 10, agregué 100 g de nata.¡Brutal! Luego tosté las almendrillas en una freidora de aire que me ha regalado mi hija, y, también, ¡brutales!Rafa es un deportista inspirador, como han declaradomuchos de los que le han felicitado. Del Rey abajo, casi todos los que le dieron la enhorabuena, inmatricularoncomo suya la victoria de Nadal. Tan inspirador es Rafa que, cuando clavó la virgulilla de la ‘ñ’ de España –a modo de pica en Flandes- en la Rod Laver Arena de Melbourne, a mí se me ocurrió añadir a mi receta habitual de bizcocho una manzana rayada, al tiempo que sustituía los 75 g de leche por nata de guisar. Un golpe maestro. Obtuve mi recompensa en casa de mi cuñada, ya comiendo, cuando todos me felicitaron por mis preparaciones culinarias. Y levantamos nuestras copas, al par que Nadal la ensaladera, que todos los comensales inmatriculamos como nuestra, sin dudarlo.
Segundo título: No solo la Iglesia se inmatriculapropiedades. Muchos españoles nos hemos inmatriculadola ensaladera de Nadal.




