Los Arnolfini
Era de esperar: una nueva tarea para el matrimonio: apagar los fuegos eróticos del sacerdocio célibe. Lo de siempre, cuando no se sabe cómo resolver un problema o se le encarga a la escuela o se le echa encima a la familia, en este caso al matrimonio. Crece la exigencia de que los curas se casen para acabar con los casos de pederastia que se dan dentro de la Institución eclesial. Cómo si el matrimonio hubiese demostrado su eficacia a la hora de apagar el impulso venéreo, de puertas afuera. Los curas pederastas se casarán y, esto sí, disfrutarán de los amargos placeres del matrimonio. La inquina social irá a menos al verlos golpeados por las ventajas propias de la vida en pareja, pero no se puede asegurar que no sigan, algunos, molestando a la infancia con solicitudes indecorosas. La línea Diógenes no debe ser abandonada a priori. La anécdota se la atribuye Diderot a Lucrecio: Diógenes se masturbaba en la vía pública, replicando a quienes se escandalizaban de ello: “Ojalá fuese igual de fácil quitarse el hambre con sólo frotarse el vientre”. En el caso de que la propuesta clásica fallase, habría que recurrir a una línea de investigación que alumbrase curas transgénicos, sin deseo. Podrían seguir célibes y les evitaríamos el martirio de un noviazgo largo.viernes, 16 de abril de 2010
sábado, 10 de abril de 2010
El aula sin muros
Hemos encontrado en la publicación granadina EL SEMANERO un precedente claro de la manía actual de meter todo en las aulas. El sucedido es de finales de los años 80:
El aula sin muros
El semen es de los pocos humores del cuerpo humano cuya extracción casi no duele. Sí, el líquido cefalorraquídeo. También duelen -y no poco- las lágrimas. Pero el semen no duele nada. Se conocen casos de personas normales que, incluso, disfrutan cuando les sacan semen.
La controversia puede suscitarse a la hora de poner de acuerdo a la gente sobre cuál es el procedimiento más conveniente para obtener semen. Porque para conseguir sangre se puede recurrir a la jeringuilla, a la navaja barbera, al pinchazo. Mana sangre también en caso de golpes, accidentes o ejecución. Pero el semen sólo aflora cuando se pone en marcha un delicado e incruento mecanismo. No sale al exterior como la materia que albergan ciertas protuberancias del cuerpo humano, cuando se las aprieta.
Hay ocasiones en las que el licor sagrado de la vida se expande sin aviso, precipitadamente. Pero en otras, se esconde, avaro. Se hace esperar, llega cuando quiere. Sorprende, maravilla.
Varios alumnos de COU del instituto de bachillerato Alto Conquero de Huelva encontraron hace unos meses la forma de llevar puntualmente a su profesora de ciencias semen del día en cantidad suficiente como para ayudar a toda una clase a ampliar sus conocimientos citológicos.
El instinto de confesionario que anida aún en buena parte de la sociedad española y el aburrimiento democrático han llevado a un diario andaluz a preocuparse por el procedimiento de extracción del semen que luego se utilizaba en inocentes y provechosos experimentos escolares.
La noticia en el ABC de Sevilla
Cuando se tiene 17 años, el portento, la epifanía, puede ocurrir todos los días y en varias ocasiones, ABC debería saberlo. Lo que sucede es que el dulce néctar, hijo del milagro, unas veces se somete a la probeta y a la curiosidad de los microscopios en las aulas. Otras veces -las más- se pierde para la ciencia y se gana, únicamente, para el gozo. Y también -y no raramente- produce el asombro de la vida, cuando halla el recipiente adecuado.
El caso de Huelva debe producir docena y media de preguntas retóricas en la sección Cartas al Director de media docena de diarios: "¿Hasta dónde vamos a llegar?", "¿es posible que nuestros cándidos hijos...?". Pero también debe llenarnos de satisfacción el avance pedagógico que el semen en el aula supone.
A Estados Unidos, colocar una maestra en el Cosmos le costó un dineral, y, además, en vano. Nadie ha olvidado la dolorosa explosión de la profesora Christa McAuliffe y de Challenger en el espacio.
Nosotros, por unas pocas pesetas, gracias a la imaginación de nuestros maestros, a las incitaciones de los inspiradores de la Reforma Educativa y, en último término, al ministro Maravall, hemos colocado debajo de las curiosas lentes de los microscopios de nuestros escolares el mismo germen de la vida.
Es el aula sin fronteras. Todo lo hemos metido en el aula al ver que los alumnos salían de ella conociendo, engatusados por los gadgets de la galaxia electrónica: el ordenador en el aula, el cine en el aula, la prensa en el aula, el macramé en el aula, el esparto en el aula, la vida en el aula. Y una vez que un material tan abundante se encuentra amontonado en ella, sólo nos queda esperar que los alumnos (su atención, su interés) quieran volver al aula. Si es que caben.
viernes, 9 de abril de 2010
Puestos de trabajo, no remunerados, en Ikea
Un buen empleo
"Los trabajadores de un centro de la cadena Ikea en Milán se han puesto en huelga durante la jornada de hoy para protestar por la "inaceptable" práctica de la dirección del centro de controlar el tiempo que van al baño.Además de cronometrar las visitas al baño, añaden, también han prohibido comer chicle mientras se trabaja y se han llegado a dar casos de acoso laboral por parte de los jefes. No obstante, la protesta está siendo más simbólica que de presión, ya que no se ha alterado el normal funcionamiento de la tienda".( De la prensa)
Muertes de pobre
Cuando los crímenes los cometen personas muy jóvenes, como la presunta asesina de la niña Cristina Martín, en Seseña, se produce una enorme conmoción. Inmediatamente se piensa en el fracaso educativo de las generaciones adultas. Se buscan explicaciones, se habla de la aparición de una “cultura del cuchillo” y de una progresiva gansterización de niños y adolescentes y se piensa inmediatamente en meter otra asignatura en la ESO, que es el signo definitivo de la impotencia. Los crímenes de los mayores parecen más comprensibles. Hay homicidas empeñados en demostrar, cuando asesinan, que España no es una unidad de destino en lo criminal. Hay gente acomodada que mata limpiamente, en privado, a distancia, por encargo, con tanto primor como si el crimen fuera una escaramuza familiar sustituible por cualquier otro movimiento de piezas. Pero las muertes de pobre son coléricas, artesanales y diurnas. Hay ocasiones en las que tienen todo el aire de una ejecución pública. Las causas, como en el caso del anciano granadino que mató en la puerta de su casa a un joven que retiraba una moto ruidosa, pueden ser en apariencia insignificantes. Luego, ante el juez, el asesino se disculpa diciendo que hacía calor. Como si quisiera dar la razón al ilustrado sevillano José Blanco White (1775-1841) que advertía entre los nacidos en esta tierra «una cierta irritabilidad natural, especialmente en las regiones del Sur, que lleva al frecuente derramamiento de sangre. Unos vasos de vino de más o ni aun eso, el simple hecho de que sople el levante o viento solano, es festejado infaliblemente en Andalucía con peleas mortales».
Nada profesional y de corte antiguo, aunque no desprovisto de causas, fue el crimen perpetrado por una mujer en el barrio de Cartuja, condenada en su día por la Audiencia Provincial de Granada a 28 años de cárcel por la muerte de su esposo. Esta asesina también se atuvo al guión que Blanco White escribió sobre la mujer española de finales del siglo XVIII. La prevención que el escritor burgués sentía por las mujeres -y por los hombres‑ de las «clases bajas» le llevó a alentar los aspectos más desagradables del tópico de la hembra española. Y así, muchos años antes de que Bizet y Rossini pusieran en circulación la imagen feroz de una Carmen navajera e irascible ‑que no tiene nada que ver con la que creara Merimé, mucho más respetuoso de lo que se piensa con la España real del siglo XIX‑ , Blanco se inventó (ensombreciendo con este hallazgo su imagen de hombre de las «luces») un estereotipo que daría la vuelta al mundo: "En Madrid, donde barrios enteros, como el de Lavapiés y Maravillas, están habitados por el pueblo bajo... también abundan mujeres dispuestas a tomar no pequeña parte en cualquier alboroto, pues estas amables criaturas suelen llevar una navaja enfundada en la parte superior de la media izquierda, sujeta con la liga".
Una hacha‑picota utilizó la homicida de Cartuja para rematar a su esposo, después de haberle disparado con una escopeta en el abdomen y de haber mandado a sus hijos a la calle para que tirasen petardos, no se sabe si para ocultar el crimen o para pregonarlo.
Cuando el crimen fue conocido en la ciudad, hasta los mejor casados durmieron varias noches abrazados a la duda y paladearon el agrio sabor del miedo. Hicieron examen de conciencia. Se vieron libres de pecado; pero, recelosos, mojaron la pólvora de los cartuchos, requisaron las armas ofensivas y defensivas, aun las peor afiladas, cerraron un ojo y el otro lo clavaron en la compañera de cama. Los que mantenían con sus esposas relaciones poco cordiales anduvieron escapados de sus casas algún tiempo. Y todos, prudentemente, dulcificaron su trato durante algunos días.
martes, 6 de abril de 2010
Pasión, a ser posible penal, para los pederastas
Cabina de fumadores en Barajas
Esta Semana Santa ha mostrado un respeto samaritano por los peatones y ciclistas. En años anteriores, si cruzabas por mitad de una procesión, interrumpiendo el flujo de lo sagrado, te llevabas alguna voz. Y sobre todo miradas poco amistosas. También entiendo que una bici, que era con lo que yo cruzaba, es una máquina teológicamente irrelevante y tecnológicamente muy avanzada para estas evoluciones. Este año, se me ha respetado, y he podido atravesar el domingo pasado una procesión, por la plaza del Carmen de Granada, entre rejas, esto sí, protegido por los municipales, sin excomuniones ni anatemas. De buena se han librado, estaba dispuesto a devolver el bonobús. He notado, además, sin que por ahora pueda decir que esto me llevará de nuevo al seno de nuestra Madre, ligeros indicios de piedad y compasión en mi torrente sentimental, tras el contacto tangencial con el río de los penitentes y camareras. Al salir de los chiqueros procesionales, he recordado con pena a los pobres fumadores encerrados y expuestos a la vergüenza pública en las cabinas “ad hoc” de los aeropuertos. Conectados compulsivamente a sus cigarros y soportando el desprecio de la procesión de viajeros con maletas que sorteábamos la urna transparente. Un niño les tiró un plátano. Me sentí tan superior y complaciente con mis soportables adicciones que hasta creí encontrar en su caras las huellas del crimen. Hoy me arrepiento. Se lo debo a la procesión del Domingo de Pascua.
El adulto de la imagen, al ser griego, sí era efebófilo
Y si no vuelvo al seno de la Iglesia de inmediato es porque voy a esperar a ver en qué queda lo de la efebofilia, que es como le llaman ellos -que son los que ponen nombres a las cosas desde la Creación- a abusar de niños. En cuanto enchiqueren en celdas transparentes a los pederastas, me lo piensodomingo, 4 de abril de 2010
¿Lecturas religiosas o macguffins?
¿Éxtasis?
No sé si la joven del cuadro se quejó al pintor Eybl (1806-1880) por haberla retratado en este momento de éxtasis lector. Santa Teresa de Jesús si se lo hizo ver a Dios,y así lo ha contado en su Vida: “Supliqué mucho al Señor que no quisiese ya darme más mercedes que tuviesen muestras exteriores [se refiere a los éxtasis místicos que la arrebataban en público]; porque yo estaba cansada ya de andar en tanta cuenta y que aquella merced podía Su Majestad hacérmela sin que se entendiese. Parece ha sido por su bondad servido de oírme, que nunca más hasta ahora lo he tenido; verdad es que ha poco”.
Stefann Bollman en su libro Las mujeres que leen son peligrosas, cuando comenta este cuadro dice que “El libro parece cortarle la respiración” a la chica. Y para que nadie al leer sus palabras caiga, torpemente, en la tentación de evocar el delicioso desvarío de la actriz Meg Ryan en “Cuando Harry encontró a Sally”, Bollmann se ve obligado, como en su día Santa Teresa de Jesús y, quizá, la misma Lectora de Eybl, a dar una explicación: “Sus pensamientos”, aclara, “parecen tan cándidos como su rostro ingenuo y encantador”.
Puede haber cientos de motivos para justificar esta iconografía, sin recurrir al portento. Por ejemplo, ¿las maneras de leer de muchas chicas retratadas desde el Renacimiento no serán un simple macguffin, una excusa parecida a la que usan hoy los directores de series de adolescentes en sus historias? Los guionistas sitúan a los chicos en una hamburguesería, delante de una Coca y de un bollo con carne picada y rodajas de cebolla dentro. En algún sitio hay que colocarlos para que puedan ser filmados mientras recitan sus papeles. ¿Por qué ponernos estupendos cuando hablamos de la lectura y, sobre todo, si las que leen son mujeres? Los éxtasis no son frecuentes. Montaigne era más humilde. “En los libros”, discurre en uno de sus Ensayos, “sólo busco entretenimiento agradable con una honrada distracción; o si estudio, no busco más ciencia que la que trata del conocimiento de mí mismo, y la que me instruya para bien morir y bien vivir. […] Nada hago sin alegría, la continuación de una misma tarea y el recogimiento demasiado firme, deslumbran mi entendimiento, lo entristecen y lo cansan”. A muchas de estas lectoras se les pone un libro en la mano porque todavía no había abierto el Macdonald.
viernes, 2 de abril de 2010
Sin cuidados paliativos en el Calvario
House al frente de su eficaz equipo de cuidados lenitivos
En la Semana Santa de 2008, el obispo emérito de Pamplona Fernando Sebastián se opuso a la "muerte digna" con el argumento de que Cristo no tuvo cuidados paliativos en el Calvario. El que Cristo no disfrutara de cuidados paliativos no obliga al resto de los mortales a prescindir de ellos. El Mesías tampoco tenía un duro y la Iglesia Católica, que se dice cristiana, parece que si lo tiene si nos guiamos por las vestiduras y los zapatos tan buenos que está usando Benedicto XVI en las ceremonias de estos días. Si no se le aplicó algún lenitivo, salvo el vinagre de la esponja de un centurión compasivo, fue porque había que conservarlo en mal estado para inspiración de todos los figurinistas que viven de fabricar las imágenes detestables -y sus complementos- de una persona destrozada y sangrante. Los ritos de primavera funcionan mejor así y la gente que los practica disfruta más. Tampoco pudo tener el consuelo de la religión. Es cierto, sin que nos lo tenga que decir ningún experto, que los creyentes mueren más tranquilos y relajados que los no creyentes. Pero como el Cristianismo se lo inventó San Pablo bastantes años después de la muerte de Jesús, éste tampoco pudo recibir los consuelos de su propia religión y tuvo que aguantarse con una muerte muy poco digna, como casi todas las muertes.
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