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| Por la Vereda |
Al final el célibe Munilla, que va a lo suyo, lo que exige en nombre de Dios es que la gente se case en las Angustias. Glosa la canción de Pablo Milanés Yo no te pido y defiende que es preciso "firmar", en la sacristía, "diez papeles grises para amar".
Es su comer. Lo de Punset es más entretenido aunque, como sacerdote de la razón y de la ciencia, nos está proponiendo algo parecido a lo de Munilla: "Con la que está cayendo, lo mejor es vivir en pareja, pero con conocimiento de cómo estamos programados. Y de que los hombres, en cualquier momento, saldrán de nuevo a buscar". Ahora parece que las mujeres también salen a la búsqueda de la dispersa felicidad. Pero hay seres que se tiran a la calle por parejas, como David Cameron, el primer ministro británico, y su mujer, Samantha, que se vinieron a Granada, en clase turista, a albergarse en una pensión de estudiantes del Realejo y a pasear de la mano por el Albaicín. Y si anduvieron enlazados por nuestras calles, no es por ese irrefrenable impulso que lleva a los jóvenes a chocar entre ellos, cuando se buscan. Ni es la necesidad la que enlazó sus manos: que todavía se les ve, aunque maduros, sanos como para andar sin bastones o apoyos. Es porque como en Amar en tiempos revueltos todavía quieren creer en el amor. Ni siquiera se soltaron por la Vereda de la Estrella, en Sierra Nevada, donde caminar en pareja, dada su estrechez, es peligroso. Un montañero escéptico, a voces, desde lo alto les preguntó: "¿Amor o teatro?". Como no obtuvo respuesta, tendrá que esperar a que Munilla o Punset se lo aclaren en el próximo sermón.

