Jorge Luis Borges
Desde que Jorge Luis Borges, en 1981, enumerara las cosas a las que debía la fama, han pasado muchísimas cosas; hoy casi nadie aspira ni a la fama ni a la gloria eternas. Se contentan con ser felices, intermitentemente. El escritor pensaba que debía su fama al ajedrez y al jazmín, a los tigres y al hexámetro. A haber urdido algún endecasílabo, a no haber salido de su biblioteca, a haber enseñado lo que no sabía a quienes sabrán más que él; a haber vuelto a contar algunas historias, a haber eludido sobornos, a ser ciego o a "ser esa cosa que nadie puede definir: argentino". Pero no es por ninguna de estas cosas por lo que lo recuerdo; lo traigo aquí por haber confesado que su fama podría deberse, también, a "haber ordenado en el dialecto de nuestro tiempo las cinco o seis metáfora" fundamentales. Los columnistas nunca damos soluciones a los problemas del presente, pero sí nos empeñamos en hallar una de esas metáforas capaces de traducir los hechos al dialecto actual. Y pensé en el rabo de una lagartija, tras una semana de confusión extrema, en la que hemos visto al PP situarse a la izquierda de Ciudadanos, al PSOE, colocarse a la derecha del PP y a Podemos, ensimismado en su mansión; a Megan Markle, una feminista confesa, arropada por un predicador del amor, gesticulante y gritón, del que se reían las aristocráticas pamelas de Winsor. A Zaplana, de la corte de Aznar, el guerrero de la dura faz, detenido por un presunto delito fiscal y de blanqueo de capitales. A la Botín, líder del Santander, inquilina constante de los órganos de decisión y poder de su banco, enterándose de pronto de que en los consejos de administración hay pocas mujeres. A un president racista, haciendo de mamporrero de un capitán que abandonó el barco antes de que chocara con el iceberg, dejando a la tripulación y al pasaje, como gilipollas, con el agua al cuello. Pero fue al conocer la caída del PP y el auge de Ciudadanos, cuando me acordé de las lagartijas que cogíamos de pequeños en Loja para estudiarlas en clase de Ciencias. Aunque no tengo muy claro si cuando les cortábamos el rabo, les salía uno nuevo o si, a partir del rabo seccionado, se generaba un clon. Tampoco sé muy bien si Ciudadanos es el rabo de la lagartija, que crece y crece, o es la lagartija del PP a la que le ha crecido el rabo. Como Borges, me sentiría recompensado si se me recordara por haber inventado esta metáfora de reptiles.sábado, 26 de mayo de 2018
lunes, 14 de mayo de 2018
Nunca supe si Celestina era una dulce niña o una verdadera burra.
De "Diario.es"
[...] ¿Eres una dulce niña o una verdadera vaca?
Mi corazón siempre me dijo que eras una verdadera vaca.
Tu papa, que eras una dulce niña.
Mi corazón, que eras una verdadera vaca.
Una dulce niña.
Una verdadera vaca.
Una niña
Una vaca.
¿Una niña o una vaca?
O ¿una niña y una vaca?
Yo nunca supe nada.
Adios, Georgina.
(¡Pum!)
jueves, 10 de mayo de 2018
Pobres pero honrados
Burgueses de Siena
No sé en qué prontuario marxista o en qué manual de historia social de la Literatura leí que el viejo honor caballeresco y feudal tuvo que hacer sitio, en plena Edad Media, a una nueva virtù -a un valor nuevo- la onestà burguesa, el honor del mercader, que venía a competir con la nobleza de sangre, la nobilitas aristocrática. Y que fue en la Italia bajomedieval, con su mosaico de florecientes repúblicas y señorías urbanas, donde comienza a construirse e implantarse este nuevo concepto, estrictamente laico, asentado sobre el poder que otorga el dinero, frente al que, en el antiguo régimen, confería la sangre y la Iglesia. La honestidad, regirá las relaciones de comerciantes, artesanos libres y personas no sometidas a la jurisdicción señorial. Alguna de sus reglas: respeto a la palabra dada, pago puntual de las mercancías, usura prudente, respetar a las mujeres casadas para no liar las herencias ni meter en casa genes callejeros… No me extenderé en esto, que ya lo hizo W. Shakespeare en El mercader de Venecia, y para que me voy a meter en camisa de once varas. Sí conviene decir que esta virtud de burgueses y comerciantes adinerados, después, se convirtió en un modelo para los pobres, que no tenían nada que vender ni nada que comprar ni genes que blindar. Marx y Engels lo explicaron así: "Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante". ¿De qué les sirve a los pobres ser honestos como buenos burgueses? Más bien les perjudica. Tendrían que ser radicalmente deshonestos con los ricos, con los explotadores. Y dirán ustedes, y con razón, ¿y a qué viene este coñazo mañanero? Pues porque los últimos sondeos del CIS me han llevado a hacerme esta pregunta en mi fuero interno -que es donde uno se hace las preguntas-: ¿cómo seguimos votando a partidos que nos roban sistemáticamente? Y es que la apropiación indebida de dinero público se ha convertido en la virtù de nuestros gerifaltes. Y a nosotros, como muy bien explicaron Marx y Engels, los que nos roban y nos dominan, han terminado por meternos en la cabeza que lo que nos conviene es que nos sigan robando. Y que deberíamos imitarlos, aunque carezcamos para hacerlo de las ganzúas que a ellos les sobran.lunes, 7 de mayo de 2018
¿Memoria Histórica? ¿Memoria Futura?
Y yo me pregunto _en mi interior, que es donde uno se pregunta estas cosas_ ¿hay alguna memoria que no sea histórica, que no se refiera a un "relato" (como se dice ahora) de hechos que pasaron? ¿Hay memoria futura, de hechos que todavía no han sucedido? ¿Existió el feminismo en el siglo XV, o es un fenómeno más reciente? ¿Podemos llamar "feminista", como han hecho algunos críticos, al debate que mantienen Torrellas y Brazaida, abogado, el primero, de Grisel, y abogada, la segunda, de Mirabella, en una novela sentimental del siglo XV? Pese a que se oiga en boca de Brazaida algo tan moderno como que son los hombres los que hacen las leyes y también los que las aplican (son juez y parte). ¿La novelista del XVII María de Zayas escribe sus relatos desde una perspectiva de género, como si hubiera asistido a alguna tertulia con Zapatero? A veces estamos tan llenos de razones que nos olvidamos de que el lenguaje debe ser preciso si queremos convencer a alguien y que nos tomen en serio.
miércoles, 2 de mayo de 2018
sábado, 28 de abril de 2018
Quevedo, las mujeres y las leyes
"Tiranos, ¿por cuál razón (siendo las
mujeres de las dos partes del género humano la una, que constituye mitad)
habéis hecho vosotros solos las leyes contra ellas, sin su consentimiento, a
vuestro albedrío? Vosotros nos priváis de los estudios, por invidia de que os
excederemos; de las armas, por temor de que seréis vencimiento de nuestro enojo
los que lo sois de nuestra risa. Habéisos constituído por árbitros de la paz y
de la guerra, y nosotras padecemos vuestros delirios. El adulterio en nosotras
es delito de muerte, y en vosotros, entretenimiento de la vida. Queréisnos buenas para ser malos,
honestas para ser distraídos. No hay sentido nuestro que por vosotros no esté
encarcelado; tenéis con grillos nuestros pasos con llave nuestros ojos; si
miramos, decís que somos desenvueltas; si somos miradas, peligrosas, y, al fin
con achaque de honestidad, nos condenáis a privación de potencias y sentidos.
Barbonazos, vuestra desconfianza, no nuestra flaqueza, las más veces nos
persuade contra vosotros lo propio que cauteláis en nosotras. Más son las que
hacéis malas que las que lo son. Menguados, si todos sois contra nosotras
privaciones, fuerza es que nos hagáis todas apetitos contra vosotros. Infinitas
entran en vuestro poder buenas, a quien forzáis a ser malas, y ninguna entra
tan mala a quien los más de vosotros no hagan peor. Toda vuestra severidad se
funda en lo frondoso y opaco de vuestras caras, y el que peina por barba más
lomo de jabalí, presume más suficiencia como si el solar del seso fuera la
pelambre prolongada de quien antes se prueba de cola que de juicio. Hoy es día
en que se ha de enmendar esto, o con darnos parte en los estudios y puestos de
gobierno, o con oírnos y desagraviarnos de las leyes establecidas, instituyendo
algunas en nuestro favor y derogando otras que nos son perjudiciales".
Don Francisco de Quevedo: "LA FORTUNA CON SESO Y LA HORA DE TODOS"
jueves, 26 de abril de 2018
El fireware de la ignorancia
A mí no me preguntes...
En los estudios sobre los animales sociales, como los lobos, el término "alfa" designa al individuo con mayor rango en la comunidad, a quien los otros siguen. Al Rajoy, el espécimen español que acaba de inmolar a Cifuentes, quizá fuera más preciso llamarlo "macho alfalfa", que es aquel que niega la pastura a sus adversarios; y a los suyos, se la da o se la quita, según le conviene. Sucede que los machos alfalfa -hay también hembras alfalfa, como Susana Díaz o Carme Forcadell- protegen a sus capataces, poniendo en peligro, incluso, a la propia manada. ¿Por qué? Porque los segundones actúan como gaviones, que es como se llamaban en mi pueblo a los muros de contención fabricados con piedras muy pesadas, y encorsetadas en poderosas mallas de alambre, que se ponían en los lugares por los que podía entrar el río Genil e invadir los sembrados y arrastrar las tierras feraces de la Vega. A veces, las aguas del río bajaban tan bravas que arramblaban con todo. Las turbulentas aguas de la corrupción están dejando al Partido Popular sin tierra fértil en la que sembrar sus vanas promesas y al país, cada vez más pobre e indignado. Pero el macho alfalfa resiste. Argumenta, tras cada riada, que él no sabía nada de lo que hacían sus manigeros. Y se los echa a la manada para que los destrocen. Alguien sostenía, delante del escritor Francisco Ayala, que la mayoría de los intelectuales alemanes no se habían enterado del Holocausto. Ayala, después de oírlo con atención, pronunció una sola palabra: "Todos". Cuando oigo a Rajoy, u a otros presidentes o secretarios generales de los partidos, afirmar que no sabían nada de cómo llegaban los dineros a sus formaciones ni de cómo se gastaban ni del trapicheo y la mierda en que ha degenerado la financiación de los partidos, digo como Ayala: "Todos" lo sabían y lo saben. Son los primeros en saberlo. Ese es el 'pacto-cortafuegos', establecido para la supervivencia de los partidos y que los responsables últimos conocen mejor que nadie y sellan los primeros. Consiste en que, cuando se hunde el Tititanic, siempre hay una barcaza preparada para que el capitán se salve e ice la bandera de la regeneración. La barca salvavidas se llama Ignorancia. La última arrojada a los tiburones: Cifuentes, la política que, como no se corrompió, ha tenido que robar unas cremas para sobrevivir.
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