Los políticos aforados deberían de andarse con muchísimo cuidado a la hora de denunciar a particulares. Al menos, por dos motivos. El primero: si ellos disfrutan de un trato procesal exclusivo, como diputados, los ciudadanos deberíamos estar blindados, cuando ejercemos como tales, poniéndoles delante de la cara un espejo, aunque sea deformante. Y el segundo: no deberían imitar a las iglesias y religiones, que tanto critican, cuando esas organizaciones se incomodan con una blasfemia y hablan de que se les está faltando al respeto. Esas organizaciones son las mismas que durante siglos, y en nombre de sus dioses, descuartizaron, quemaron o torturaron a los "infieles". Piden respeto, porque no están en situación de pedir fuego o exterminio, aunque sí lo hagan algunos de sus seguidores más fanáticos. ¿O es que no hemos superado todavía la etapa religiosa? ¿Es que no sabemos relacionarnos con la disidencia si no es con el castigo, la denuncia o la excomunión? Se haga en nombre del feminismo, del cristianismo o de cualquiera de los disparatados nacionalismos que nos aburren y contrarían con sus anatemas. La denuncia de un diputado a un particular, por insultos, es una blasfemia democrática: la que ha proferido Montero, la diputada de Podemos, contra un infame versificador que, con muy malos versos y con muy mala leche, ha escrito que esta política debe el escaño a su relación sentimental con Pablo Iglesias. Ustedes, amigos y amigas lectores, el público en general, yo mismo, y, también, el poetastro que se esconde bajo el pseudónimo de El guardabosques de Valsaín, tendríamos que poder lanzar contra los políticos las blasfemias más salvajes, sin más temor que el de empañar nuestra buena reputación. Si alguien quiere llamar "gallinero" al supuesto "harén" de Iglesias, está en su derecho. Nada comparado con la constante loa y exaltación que de sí mismos hacen los políticos, que nunca reconocen haberse equivocado. Si ellos nos atacan con la falsedad y la desvergüenza de sus promesas incumplidas, nosotros los alancearemos con las palabras más hirientes que se nos ocurran. Sin que nos chamusquen hogueras o calcinen nuestra economía multas de 50.000 euros, como la que ha puesto un juez al Guardabosques de Valsaín, aplaudida por una doctrina feminista que cada vez se parece más a la de Trento.
jueves, 15 de noviembre de 2018
lunes, 12 de noviembre de 2018
Suspenso en prosodia, sintaxis y ortografía
Las cloacas del Estado
Desde el punto de vista de la prosodia, Aznar certifica la decadencia definitiva del Imperio español. Su acento tejano, de piojo resucitado y cateto, cuando se alió con Bush para acometer la guerra más falaz y dañina que vieron los siglos presentes, la de Irak, supone el mayor ataque y desprecio de un gobernante a su propia lengua. "Estamos trabajando en ello", declaró en la rueda de prensa que dio en Texas, al alimón con Bush, tras la reunión que mantuvieron para ver cómo presentaban a la ONU y a los españoles el ataque a Husein. La pronunciación de Aznar fue entonces muy cercana a la del excelente cómico Cantinflas. Seguramente que pensó que así halagaba a sus anfitriones tejanos. Como el niño que se pone sabiondillo y repelente para hacerle la pelotilla al maestro. Muy distinta la actitud del Emperador Carlos V, en la cima de su Imperio, cuando le decía al mismísimo Papa que le importaba poco que no lo entendieran -él no se manejaba muy bien en latín, la lengua de la diplomacia papal- porque "estoy hablando en mi lengua española, que es tan bella y noble que debería ser conocida por toda la cristiandad". Me gusta recordar estas cosas que me enseñaron mis maestros en historia de España y del castellano, don Juan Sánchez Montes y don Manuel Alvar. No sé cuál de ellos -posiblemente fuese don Juan- nos contó que Carlos V hablaba en italiano con los embajadores; en francés con las mujeres; en alemán con los soldados; en inglés con los caballos y en español con Dios. Aznar hablaba catalán en la intimidad, tejano con su señorito y en el reprobable lenguaje de la soberbia inane con sus gobernados. No quiero culparlo también de las faltas de sintaxis y de ortografía cometidas por los opositores a plazas de profesores de secundaria en institutos, conservatorios y centros de FP, celebradas en los pasados meses de julio y agosto, pero si considero que alguna responsabilidad tienen él, y otros muchos políticos, en el reciente golpe de grabadora que Villarejo viene dando al Estado con la revelación de las conversaciones que sostuvo con políticos, jueces, fiscales y empresarios españoles. Su voz, y la de los grabados por él, denota el desprecio y la altanería del que está en el ajo. Es la voz de los listos, de los quedones, de los entendidos, de los que saben. El idioma intemporal de los tramposos.jueves, 1 de noviembre de 2018
domingo, 28 de octubre de 2018
¿Las hermanas del baptisterio de las Gabias candidatas del PSOE?
¿A quién no le va a gustar un imperio socialdemócrata?
La intervención de Pablo Casado el sábado en Sevilla es una demostración clara de que no se puede ser malo ni bueno permanentemente ni acertar o errar siempre. Ha afirmado una verdad tan grande como el baptisterio romano de las Gabias. Ha definido la democracia andaluza como "una democracia clientelar y corrupta", tras casi 40 años de gobiernos socialistas. ¡Qué bien dicho! ¡Qué síntesis más adecuada! Se ve que ahí se le acabó la cuerda de la verdad y entró en el terreno de las posverdades a medias. Porque Pablo Casado, como todos nosotros, y aunque se empeñe en demostrar insistentemente lo contrario, es un poquito bueno y, tambien, un poquito malo, como diría mi querida sobrina Marta. Todavía no conocemos las listas electorales y ya adelanta que el PSOE andaluz va a presentar a Torra, a Otegui y al mismo Pedro Sánchez para parlamentarios andaluces. Él sabrá por qué lo dice y quién se lo habrá chivado. Si él lo dice, será verdad. Pero me molesta muchísimo que haya olvidado a los hermanos que enseñan y conservan el baptisterio romano de las Gabias. No concibo un parlamento andaluz sin que estas personas ocupen un escaño en la futura bancada socialista. Se lo han ganado a pulso. Sólo tendrían que cambiar la frase que repiten siempre que enseñan el baptisterio a los turistas. Y en lugar de decir "¿A quién no le va a gustar un imperio romano?", como vienen preguntando retóricamente, tendrían que inquirir, en la campaña electoral que se nos avecina: "¿A quién no le va a gustar un imperio socialdemócrata?". Seguro que la emperatriz Susana, con esta ayuda, volvería a ocupar el trono y a conservar su imperio andaluz.
miércoles, 10 de octubre de 2018
La edad de la inocencia
De película de miedo
Susana Díaz con su convocatoria de elecciones al parlamento
andaluz ha clausurado la edad de la inocencia. Pronto se convocarán más
elecciones. Es lo bueno que tiene el sistema democrático que cada cierto tiempo
se te perdona que hayas votado a partidos ladrones, racistas, veletas, sin
ideología, clientelares; plagados militantes que se pagan las juergas y las
bebidas, a costa del común. Las elecciones ponen de nuevo a los votantes ante
la tesitura de taparse la nariz y convertirse en colaboradores necesarios, en
cómplices de los errores y horrores del pasado, o de abandonar, en un rasgo de
honestidad democrática, a los que se conjuraron para enriquecerse, al tiempo
que ayudaban a enriquecerse a otros, y provocaban el empobrecimiento y la
desgracia de la mayoría de la población
(no me atrevo a usar la palabra gente porque
es palabra de señoritos o de caseteros ni ciudadanos,
porque, junto con toda la terminología democrática, ha sido enlodada por los
que debieron mantenerla limpia). Sólo me queda población o contribuyentes.
Ni españoles ni catalanes ni vascos ni gallegos son nombres a los que se pueda acoger
uno de cómo nos los han dejado los patriotas sinvergüenzas de cada una de esas
patrias-casetas de feria. Al votar ahora, nadie podrá alegar que no conoce las
tropelías del partido al que va a otorgar su confianza, porque han sido
suficientemente dadas a conocer. El votante asume, pues, la historia reciente
de la formación a la que va a dar su confianza. Recuerdo con horror la pintada
más cobarde, el eslogan más inmundo de cuando ETA asesinaba. A veces, en las paredes de Euskadi
alguien escribía: “¡Eta, mátalos!”. Lema que convertía a los etarras en sicarios
y a los autores de las pintadas en inductores cobardes de un crimen que ellos
no tenían el valor de cometer. A partir de los próximos comicios, los votantes deberíamos
sentirnos responsables de los emigrantes rechazados, de los ancianos no
atendidos, de los enfermos que murieron esperando atención médica, de los
desahucios, de los másteres conseguidos por enchufe, de los doctorados plagiados,
de los sueldos en negro. No habremos sido nosotros los autores materiales, pero
sí habremos puesto con nuestro voto en manos de sicarios electos las armas que les otorgan poder para hacerlo. Será
imposible que sigamos pensando que somos inocentes.
jueves, 4 de octubre de 2018
Leer fuera del tiesto
Jesús y su mascota
Un amigo me ha pedido que cuelgue en el Facebook las
portadas de siete libros que, “ayer o hace 50 años”, me hicieran tilín o tolón.
La primera portada que he publicado es la de una novelita del FBI que conservo
de cuando vivía de niño en el Paseo de la Bomba de Granada, titulada Acepto tu reto. Y tirando
de esa portada han salido preciosos frutos del cesto de los recuerdos de la red:
¿Qué leíamos los niños en años de escasez, vigilados y dirigidos por el canon
literario y la escuela? ¿Quiénes escribían esas novelas de aventuras? ¿Por qué sus
autores utilizaban pseudónimos? Algunos eran escritores “rojos” de renombre, obligados
al anonimato. Leíamos todo lo que caía en nuestras manos, hasta a los clásicos.
La novelita está muy manoseada y marcada
para no repetir su alquiler. Las cambiábamos en puestecillos de la Bomba, del
barrio de San Matías o de la Cuesta de San Gregorio. Ayer por la mañana publiqué la segunda
portada: la del Catecismo de la Doctrina
Cristiana de Ripalda, un
opusculito al que tengo que agradecer mi radical despego de catecismos y libros
de autoayuda y desarrollo personal. Aunque confieso que alguno de ellos
–concretamente, el Manifiesto programa
del PCE- incluso terminé
explicándoselo a los camaradas de la Campiña montillana, cuando -cosa rara en
España- muchos partidos se pusieron de acuerdo para hacer una transición sin
muertos ni venganzas. Pero lo hice sin vocación y sin entusiasmo, asépticamente,
pero con las técnicas pedagógicas más avanzadas. Quizá me ayudó a no ponerme estupendo
y a respetar al adversario político (¡no había otra!), una novelita deliciosa
que leí en el internado, debajo de las mantas de la cama, alumbrado por una
linterna. Era la historia de un alcalde comunista y de un cura que hacían lo
posible por llevarse las almas y los votos a sus cielos particulares, pero en una “entente cordiale”. Hoy, debilitado
el canon literario y desaparecida la censura eclesiástica, los lectores no se
han inclinado por Góngora ni por Quevedo, sino por best sellers llenos de sexo, jacuzzis y velas. Se lee fuera del
tiesto, pero se lee bastante más que hace 50 años. Urge volver a la escasez.
Prohibir los clásicos; y los chicos los
leerán cautelosamente bajo la colcha, con miedo y delectación. Ya estamos viendo en Cataluña cómo
prohibir el referéndum está contribuyendo a la multiplicación de los
independentistas. Prohibir los libros canónicos disparará su lectura.
viernes, 28 de septiembre de 2018
Ataques a los sentimientos lógicos de la gente
Dios, pasando
(Al alimón, Miguel Ángel Buonarrotti y M.A. Barrera Maturana)
Dios es mucho más inteligente de lo que yo creía. Lo ha demostrado renunciando a defenderse a sí mismo de los ataques de un particular, Willy Toledo, y dejando que lo haga un bufete madrileño de abogados cristianos. Ni siquiera ha recurrido a sus defensores naturales, los juristas vaticanos, que le hubieran salido más baratos. De hecho, dios es muy de mensajeros, muy de matones, de verdugos, de cruzados, de mártires, de sicarios. De legisladores, de jueces, de fiscales que le hacen el trabajo sucio, pero él no se persona a la hora de encender la hoguera, de tajar un pescuezo, de poner una multa. No busquen ustedes a dios, cuando los hinchas de un equipo blasfeman tras perder sus colores un partido. Ni entre los heridos o moribundos que maldicen en el campo de batalla, frustrados -vencedores y vencidos- porque sus misas y sus ofrendas no los han protegido del dolor o de la muerte. Es más, las blasfemias muy elaboradas dios casi nunca las castiga, porque los chivatos que le suelen ir con el cuento o no se enteran de lo que quiere decir el blasfemo o son ellos mismos los que, disfrazados de poetas o de teólogos, perpetraron las ofensas. A parte de que dios es una persona bastante lógica y no tiene muy claro (que lo tengo yo hablado con él) si después de la Ilustración -que consagra la relación causa y efecto para explicar muchas de las cosas que nos pasan-, lo de ofender los sentimientos religiosos de los creyentes no debería de ir acompañado de un ilícito penal simétrico que se ocupara de sancionar las ofensas a los sentimientos lógicos de los ciudadanos: 14 € de multa por sostener que la Tierra es plana; 32 € de multa por seguir sustentando que nos fabricó un dios alfarero con barro en lugar de ser el producto de un trabajoso y dilatado proceso evolutivo. ¿Y por qué no se multa a cualquier penitente que fuera de temporada le dé por pasear a sus titulares y manchar el pavimento de cera? ¿Qué menos que 2,50 € por batacazo de paseante? Es muy fácil castigar las blasfemias de arriero de Willy Toledo, pero a ver quién se atreve con los munícipes que condecoran a las múltiples advocaciones que la madre de dios recibe en toda la cristiandad, siendo ella, como es, una única persona. Porque si hay algo cierto e incontrovertible es que madres, y en esto el altísimo no es una excepción, no tenemos más que una.
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